Hace unos días, en una charla con amigos economistas y personas relacionadas a inversiones, hablamos sobre la política económica del gobierno y lo que podría suceder en los próximos años. La conversación giró en torno a las mejoras observadas en 2024 y las dudas sobre la sostenibilidad en el tiempo, así como las perspectivas para 2025 y 2026.
2024 un año mucho mejor, pero con preguntas abiertas
La primera conclusión fue clara: 2024 fue, sin dudas, un mejor año que 2023. La señal más evidente de esta mejora fue la baja de la inflación, un fenómeno que generó alivio en los bolsillos y en las expectativas del mercado. La caída de la inflación estuvo explicada por una reducción significativa en el gasto público, lo que permitió mejorar el resultado fiscal del gobierno. Sin embargo, esto abre interrogantes sobre su sostenibilidad en el tiempo.
Entre los factores que generan dudas se encuentra el impacto social de la consolidación fiscal. Si bien la reducción del gasto ayudó a mejorar el balance fiscal, se basó en recortes que no necesariamente son sostenibles en el tiempo, por ejemplo, en obra pública, qué pasó del 8.5% al 2.6% del gasto público y reducción del poder adquisitivo de los jubilados, cuyos ingresos cayeron 22% real. La gran incógnita es si este modelo es viable en el tiempo sin generar tensiones o políticas que lo pongan en riesgo.
Otro punto de debate fue el impacto de la política económica en la actividad productiva. Si bien sectores como la energía, la minería y el agro mostraron un rebote positivo, la recesión en las ciudades sigue siendo profunda. La construcción, la industria y el comercio han sufrido un freno importante, con caídas hasta 15% interanual, que impacta en el empleo y el consumo. Este contraste entre sectores dinamizadores y sectores en crisis genera un panorama económico mixto.
Además, a pesar de las mejoras en algunos frentes, el gobierno aún no ha logrado eliminar el cepo cambiario. El tipo de cambio real se ha apreciado, lo que afecta la competitividad de sectores claves y genera preguntas sobre su sostenibilidad en el mediano plazo. Por último, la inversión cayó 16% al tercer trimestre, lo que plantea desafíos para el crecimiento sostenido.
2025 año de crecimiento pensando en las elecciones
Con la economía mostrando signos de estabilización, el 2025 se perfila como un año de crecimiento. La lógica política indica que el gobierno buscará consolidar un repunte económico en vistas a las elecciones legislativas.
Uno de los grandes desafíos será mantener la estabilidad fiscal sin recurrir a políticas expansivas que comprometan los avances logrados. Si el gobierno logra sostener la reducción del gasto público y, al mismo tiempo, generar un entorno propicio para la inversión y el consumo, podría encaminarse hacia un crecimiento sólido.
The four most dangerous words in investing are: this time it's different.
Sir John Templeton
2026: ¿Un Año de Recesión Tras el Repunte?
A pesar de las proyecciones de crecimiento para 2025, los últimos 15 años de historia económica argentina sugieren que los años de elecciones suelen ser seguidos por años de recesión. Si el gobierno no logra consolidar una estructura fiscal sostenible sin depender de ajustes drásticos y necesidades de financiamiento externo, el 2026 podría marcar un regreso a la recesión.
El gran interrogante es si este ciclo económico seguirá el patrón tradicional de la economía argentina o si esta vez será diferente. El gobierno afirma que el superávit fiscal alcanzado es una señal de cambio estructural, pero aún queda por verse si este resultado se puede mantener sin recurrir a medidas excepcionales.
La experiencia histórica nos recuerda que muchas veces los ciclos económicos parecen romper con el pasado, solo para demostrar con el tiempo que las dinámicas subyacentes siguen siendo las mismas.
La pregunta clave sigue siendo: ¿es esta vez diferente?
